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La presidenta argentina, Cristina Fernández, inauguró este viernes el Paseo Bicentenario, en la Avenida 9 de Julio del centro de Buenos Aires y contempla una representación de todas las provincias que conforman a la nación. Con este acto se dio inicio a las celebraciones por los 200 años de la gesta independentista del país suramericano.

"Siento un orgullo muy grande como Presidenta de todos los argentinos de poder inaugurar hoy este paseo del Bicentenario en el que están representadas todas las provincias argentinas todas, y también países latinoamericanos, acabo de visitar los stand de Brasil, Ecuador de Bolivia del Paraguay. Gracias por estar presentes", expresó la jefa de Estado, quien estuvo acompañada por sus ministros.

Casi un kilómetro de largo ocupa el Paseo del Bicentenario, recorrido en el que están representadas, a través de pabellones, las 23 provincias argentinas y numerosos países latinoamericanos, que también celebran, o lo harán próximamente, las festividades de los 200 años de la independencia.

Las actividades programadas en la nación para celebrar el Bicentenario comenzaron este viernes con un concierto en homenaje a los 40 años del rock argentin,o en el que participaron personalidades como Fito Páez, León Gieco y Luis Alberto Spinetta, entre otros artistas y bandas.

Los eventos se extenderán hasta el martes 25, cuando se realizarán las celebraciones centrales como parte del Bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810.

A este evento se espera la asistencia de los mandatarios de Bolivia, Evo Morales; de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; de Ecuador, Rafael Correa: de Paraguay, Fernando Lugo; de Uruguay, José Pepe Mujica; y de Venezuela, Hugo Chávez, entre otros.

Más de 2 mil artistas participarán del desfile central del martes, que comenzará en la Plaza de Mayo y culminará en la citada Avenida 9 de Julio, trayecto en el que se narrará la historia del país por medio de cuadros temáticos.

Declaración de la Independencia
En 1816, luego del camino iniciado por la Revolución de Mayo en 1810, el país proclamó en un Congreso en Tucumán la existencia de una nación libre e independiente de la Corona Española, inaugurando el largo proceso de unificación nacional.

Luego de la Revolución del 25 de mayo de 1810, el camino hacia la independencia nacional estaba trazado: la ruptura de los lazos coloniales con España en 1810 no hicieron más que cristalizar un movimiento liberador que venía buscando, desde 1806, mayor participación política y económica de los criollos.

En 1810, América del Sur estaba dividida en dos bandos: los revolucionarios y, por otro lado, los leales al Consejo de Regencia, llamados "realistas". Los revolucionarios buscaban más autonomía dentro del sistema colonial hasta que volviera el rey y muy pocos se inclinaban por la independencia al principio. Por eso las juntas se hicieron en nombre de Fernando VII, el rey preso.

Sin embargo, cuando los revolucionarios intentaron sumar a los realistas a su determinación, comenzaron las guerras entre ambos mandos, cuyo resultado sería la independencia de los dominios coloniales en América. España no intervino porque se encontraba ocupada por los franceses y luchando por su propia independencia. La guerra no tuvo un mando único, cada gobierno americano siguió sus propias decisiones.

En el Río de la Plata, la Banda Oriental –lo que hoy es Uruguay- y el Litoral empezaron a defender su autonomía y a desafiar la postura centralista de Buenos Aires. Es por ello que, en la Asamblea de 1813, otro importante antecedente de la independencia, los representantes orientales no fueron aceptados cuando se convocó a un congreso para organizar al Río de la Plata. En la Asamblea, la mayoría revolucionaria era partidaria de declarar la independencia. Sin embargo, no se animaron a dar ese paso, a causa de los acontecimientos que se daban en Europa.

En efecto, en 1814, el rey Fernando VII fue liberado justo después de que Rusia, Austria, Prusia, Suecia, Portugal, España y Gran Bretaña formaran una gran alianza que derrotó a Napoleón. Así, las monarquías absolutistas resultaron grandes ganadores y declararon que cualquier gobierno surgido de una revolución era ilegítimo.

Sin embargo, ya desde 1813 los revolucionarios estaban bien encaminados: Bolívar reconquistó Caracas e instaló la segunda república venezolana; los revolucionarios del Río de la Plata triunfaron en la batalla de Salta sobre los realistas. Y San Martín ya estaba formando el Ejército de los Andes, con el objetivo de liberar los territorios de Chile y Perú.

Por su parte, el enfrentamiento entre Buenos Aires y los seguidores de Artigas, máximo líder de la Banda Oriental, se agudizó: el Litoral y la Banda Oriental formaron la "Liga de los Pueblos Libres" y se separaron del resto de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por su parte, Paraguay, que había dejado de ser realista, se desvinculó completamente del resto y se mantuvo aislada.

A fines de 1815, la situación de los revolucionarios era desesperada. Venezuela y Colombia fueron reconquistadas por los realistas. Sólo el Río de la Plata seguía en pie, amenazado desde Chile y el Alto Perú. A nivel internacional, la situación era preocupante: Austria, Rusia y Prusia habían formado la Santa Alianza para defender a los absolutismos y apoyaban a Fernando VII en su búsqueda de recuperar su imperio.

En medio de esa gran emergencia, en 1816 las Provincias Unidas decidieron convocar a un nuevo congreso, que se reunió en Tucumán para decidir qué hacer. Todas las provincias de la Liga de los Pueblos Libres (Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe) no lograron participar del encuentro, ya que sus representantes fueron aprisionados por el Directorio unitario instalado en Buenos Aires. Una sola provincia de ideas federalistas pudo hacer llegar a sus representantes: Córdoba. Los territorios de la Patagonia, Comahue y el Gran Chaco se encontraban bajo el dominio de los llamados pueblos originarios. El Congreso se inició el 24 de marzo de 1816 con la presencia de 33 diputados, en una casa en San Miguel de Tucumán, alquilada a Francisca Bazán de Laguna, hoy Monumento Histórico Nacional.

Cabe destacar que, pese a una hegemonía de representantes de todas las provincias partidarias del centralismo porteño, el Congreso expresó en gran parte intenciones federales mantenidas por José de San Martín, Manuel Belgrano y Bernardo de Monteagudo. Luego de acaloradas discusiones, el Congreso del 9 de julio de 1816 proclamó la declaración de independencia argentina respecto de España y de toda otra dominación extranjera.

 


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