Miércoles, 12 de Enero de 2011 20:26
La triste historia de este árbolito de Pascua. Despues de ver tantos regalos y alegría en un hogar, terminó siendo echado a la calle al finalizar la Navidad. Foto: Radio Latin-AmerikaHace unos días, camino de esta Casa Radial, me encontré con dos moribundos tirados en la estación de bencina que queda frente a nosotros, aquí en Maridalsveien número 3. Se trataba de dos "arbolitos de Pascua" inservibles ya a la sensibilidad humana, después de haber cumplido en forma admirable con su importante rol navideño.
Decía uno de ellos: -Sí, a mí también me trajeron de Dinamarca en el techo de un auto. Me habían elegido por ser hermoso, de porte distinguido y medidas apropiadas al interior de una casa. Hacía frío, pero como estamos acostumbrados a ello, me molestaba el envoltorio de plástico que apretujaba mis brazos-. –Liberado ya de amarras fui instalado en un lugar de privilegio y adornado con guirnaldas y luces de colores, globos, figuritas hermosas de todo tipo y una estrella luminosa arriba en la cúspide que me hacía sentir como un príncipe-.
-Todo era felicidad, alegría, risas y juegos en torno a mí. Mientras los niños colgaban con sumo cuidado los adornos, los mayores ubicaban los regalos bajo mi alero y un pequeño pesebre albergaba al Niño Dios rodeado de animales. Los tres Reyes Magos, Gaspar, Melchor y Baltazar ponían también allí los presentes de oro, incienso y mirra traídos del oriente, guiados por la estrella que adornaba mi cabeza-.
-Pasaron los días, desaparecieron los regalos y poco a poco fueron abandonando el lugar sagrado los Reyes Magos y los animales que acompañaban el nacimiento. Se apagaron las luces intermitentes y no hubo más algarabía infantil. Se pusieron graves los rostros de los adultos, me arrancaron a tirones del pedestal en que estaba y sin miramientos me arrastraron a la calle y me dejaron tirado en este lugar-. –Ahora siento frío, pero es el frío de la muerte cercana. Fue muy grande mi felicidad y pensé que duraría eternamente. No sabía que la bondad, la delicadeza y el amor con que me trataron se trocaría en desprecio cuando el tiempo de esa Feliz Navidad hubiera terminado-.
-Y el próximo año (dijo finalmente aquel infeliz arbolito) serán otros seres como yo los que sufrirán este escarnio, después de haber sido coronados con la estrella de Belén-.
Jorge Romero, periodista de Radio Latin-Amerika