Columna de opinión — “El que no salta es mapuche”: la arremetida del fascismo chileno

Escrito por Yanina López
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Curacautín. En Mapudungún: Kura Kawin (Piedra de reunión) fue el escenario de una arremetida de corte fascista, de explícito carácter racista, con gritos como : «El que no salta es Mapuche». La agresión fue organizada por un grupo de personas de la zona que, junto a carabineros, desalojaron a comuneros mapuche que se habían tomado el edificio municipal. El objetivo de la toma era apoyar las demandas de los comuneros mapuche privados de libertad. En particular, para demandar el regreso del Machi, Celestino Córdoba, a su rewe. Cabe recordar que el Machi lleva más de 90 días en huelga de hambre.

Uno de los participantes de la orda violentista describía con orgullo : « ... y todavía sigue la gente esperando poder ingresar y tomar posición y cobrar los que nos pertenece a cada uno de los curacautineces ...», sin hacer ni la más mínima reflexión sobre la relación entre las demandas del pueblo Mapuche y Curacautín.

Los hechos ocurrían cuando, Victor Perez, el nuevo ministro del interior visitaba la zona. El nuevo ministro, militante de la UDI, es conocido por sus agresivas declaraciones acerca de «La Araucanía» y también por su oscuro prontuario desde los años de dictadura. La visita de quien otrora fuera protector de Colonia Dignidad y Paul Schäfer, «coincidía» con la convocatoria realizada por Gloria Naveillan, presidenta de las organización de agricultores de Malleco, también militante de la UDI y activista de APRA y a cuyo llamado acudieron un centenar de personas que, protegidos por carabineros, se hicieron presente en el lugar para producir el desalojo de los comuneros.

De esta forma el ministro iniciaba lo que bien podemos llamar: el principio del fin. Estamos frente a una reacción patronal que, no por casualidad, nos remonta a los tiempos de Patria y Libertad y a la participación de centenares de chilenos pobres en manifestaciones de apoyo a Pinochet. La estrategia de intensificación de la violencia y el espectáculo propagandístico desenfrenado indican, a todas luces, que Piñera y su gabinete ha echado su última carta: el uso de fuerzas cívico-militares, encabezadas por la UDI que adhiere simpatizantes armados a su causa reaccionaria..

Siglo 21. El blanqueamiento del mestizo funciona cada vez menos

Desde una perspectiva histórica, el llamado «conflicto Mapuche» dice relación con la colonización del territorio y también de las mentalidades. Para poder ejercer el dominio hegemónico basado en la super explotación y expropiación, con fines de dueñidad y acumulación, fue preciso invisibilizar al pueblo mestizo por la via del blanqueamiento, es decir, con cientos de miles de metizos pobres en barrios urbanos y el campo del país, adoptando la identidad cultural del colono europeo; su visión de mundo y sus deseos; cuestión que exige alejarse de la identidad de los pueblos originarios.

Este ha sido uno de los fenómenos de sostén de la supremacía blanca- colonizadora y por lo tanto condición sine qua non para la mantención del actual orden de privilegios y causante de la enorme inequidad e injusticia social que afecta directamente a una gran mayoría del pueblo mestizo. Pero el tiempo no ha pasado en vano. A esta altura del partido, nadie puede dudar del enorme temor que siente la clase pudiente (desde el viejo terrateniente hasta el empresariado enriquecido) con el denominado Despertar de Chile, pues se trata también de cambios significativos en el proceso de deconstrucción y reconstrucción de identidades culturales.

Durante el estallido social de octubre (2019), el pueblo chileno, mestizo, pobre y sencillo, dio un paso adelante, hizo suyos tanto símbolos como causas del pueblo Mapuche. La bandera de este pueblo ancestral recorrió prácticamente todo el territorio durante las manifestaciones. Indudablemente, es un hecho que causa pavor en los sectores acomodados en su rol dominante. Si los poderosos de siempre pierden al mestizo, es decir, si el pueblo mestizo empobrecido consolida sus vínculos de lucha con los pueblos originarios, el lugar acostumbrado de la oligarquía chilena se acercaría hostensiblemente a su fin.

Los poderosos de siempre y su gobierno están haciendo un esfuerzo desesperado por crear condiciones identitarias que respalden una división y enfrentamiento que les sirva de pretexto para conservar sus privilegios, para frenar las demandas de los chilenos pobres y las demandas históricas del pueblo Mapuche. Ya no les quedan cartas por jugar.

La pérdida de terreno no es solamente política, sino y por sobre toda las cosas, un claro retroceso de su hegemonía cultural. Luego, sin que nadie los obligara, posicionan a Victor Perez como ministro del interior, seguramente apostando a un hombre duro y capaz de poner “mano firme” en la zona, sin considerar que la lectura de una buena parte de la sociedad chilena va por otro lado. Posicionar a Victor Perez en el gobierno es como si Angela Merkel nombrara ministro de interior a un alemán escapado de Colonia Dignidad. Por cierto, no debería sorprender a nadie que la elección de Perez en dicha cartera, le traiga consecuencias políticas a Piñera en las relaciones con el país germano.

La situación política del Chile actual bien puede asociarse con el hundimiento de un barco. El gobierno, representativo y al servicio de los poderosos, apela - ad portas del naufragio – a un chilenismo, a unos patriotas no-mapuche, como salvavidas. Poco y nada indica que puedan llegar a tener éxito desde el punto de vista de la consciencia colectiva de los chilenos que va en otra dirección. Más bien, declaran una guerra cuyas consecuencias pueden tornarse enormemente dramáticas. Cabe recordar que este gobierno agudiza la represión contra un pueblo que ha resistido por más de 500 años y que tras el asesinato de Camilo Catrillanca, perpetrado por carabineros de Chile, incendió la conciencia de miles y miles de chilenos mestizos. No por nada, el temor a la bandera mapuche flamenado por todo un territorio cuyo nombre no fuera otro que WALMAPU.