Invasión a Venezuela: Entre el festejo y la condena
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha generado un sismo político que divide a la comunidad internacional. Mientras aliados de Washington festejan la "liberación" del país, potencias como Rusia y China, junto a varios gobiernos de la región, denuncian una violación histórica a la soberanía nacional.
La incursión militar de Estados Unidos en Caracas no solo ha cambiado el rostro del gobierno venezolano, sino que ha trazado una línea de fuego en la diplomacia mundial. Las reacciones, que oscilan entre el júbilo por el cambio de régimen y la alarma por la intervención extranjera, reflejan la profunda polarización que rodea la figura de Nicolás Maduro.
El bloque de apoyo: "La libertad avanza"En el Cono Sur, la respuesta fue inmediata. El presidente de Argentina, Javier Milei, fue uno de los primeros en celebrar el operativo con su característico lema en redes sociales. Su cancillería reforzó la postura, calificando la detención de Maduro como un golpe decisivo contra el narcoterrorismo regional y expresando su esperanza de que la oposición retome el poder.
En una línea similar, el ecuatoriano Daniel Noboa advirtió que "a cada criminal le llega su hora" y ofreció su respaldo total a líderes opositores como María Corina Machado y Edmundo González. Panamá y Paraguay también se sumaron al reconocimiento de la nueva realidad, viendo en este episodio una oportunidad para restaurar el orden democrático.
Un nutrido grupo de venezolanos residentes en Noruega se concentró frente al Parlamento en Oslo para denunciar la crisis democrática en su país. Con pancartas que rezan "Venezuela Libre", los manifestantes exigieron el fin del régimen de Maduro y denunciaron internacionalmente la falta de libertades y el fraude electoral que ha marcado el rumbo de la nación. Foto: Radio Latin-Amerika.
La condena regional: "Una línea inaceptable"Sin embargo, el tono cambia drásticamente al mirar hacia los gigantes de la región. Brasil, México y Colombia han liderado el rechazo a la acción militar.
Lula da Silva (Brasil): Calificó el bombardeo y la sustracción de Maduro como un precedente "peligroso" que revive los peores fantasmas de la injerencia imperialista en América Latina.
Claudia Sheinbaum (México): Condenó enérgicamente el uso de la fuerza y exigió el respeto estricto al derecho internacional y a la Carta de la ONU.
Gustavo Petro (Colombia): Rechazó la agresión a la soberanía venezolana, insistiendo en que los conflictos de los pueblos deben ser resueltos por ellos mismos y no mediante invasiones.
Desde Chile, Gabriel Boric se sumó a la condena, subrayando que la violencia no es la vía para solucionar la crisis, mientras que Cuba calificó el acto como un ejemplo de "terrorismo de Estado".
La furia de Moscú y PekínFuera del continente, el operativo ha tensado las relaciones con las potencias euroasiáticas. Rusia emitió tres comunicados urgentes, calificando la captura de "violación inaceptable" y exigiendo la liberación inmediata de Maduro. El canciller Serguéi Lavrov se comunicó directamente con Delcy Rodríguez para ratificar su alianza estratégica. Por su parte, Dmitri Medvédev fue más allá, ironizando sobre el "Premio Nobel de la Paz" para Trump y advirtiendo que solo el arsenal nuclear protege a los estados de ser asaltados por sus recursos naturales.
China se declaró "profundamente conmocionada" por lo que llamó un "uso descarado de la fuerza". Pekín instó a Washington a detener las violaciones a la soberanía ajena, recordando que los ataques contra un jefe de Estado sentado violan los principios más básicos de la convivencia internacional.
Un futuro en manos del Consejo de SeguridadCon Venezuela en estado de "conmoción exterior" y la vicepresidenta Delcy Rodríguez intentando mantener la cohesión del mando bolivariano desde Caracas, la batalla se traslada ahora a las Naciones Unidas. El Gobierno venezolano ha solicitado una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad, donde se espera un enfrentamiento diplomático de alto calibre entre los aliados de Trump y los defensores del principio de no intervención.
Mientras tanto, en las calles de Caracas y en las cancillerías del mundo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿Es este el inicio de una democracia recuperada o el comienzo de una nueva y peligrosa era de intervencionismo en el siglo XXI?
