Argentina: entre los reyes, el presidente y las inversiones

Escrito por Juan Acerbi
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Noruega no suele ser tapa de los periódicos argentinos. Eventualmente, casi como una curiosidad, el país del norte puede aparecer mencionado en alguna columna secundaria que resalta su compromiso con el medioambiente o algún aspecto relacionado a su alto nivel de Desarrollo Humano. Esto se ha modificado levemente durante los días previos a la llegada de los reyes noruegos a Buenos Aires quienes viajaron acompañados por un nutrido grupo de empresarios. Sin embargo, y más allá del bajo impacto en los medios locales, la visita podría significar una bocanada de aire para el gobierno del presidente argentino, Mauricio Macri, quien necesita de algún gesto que apoye sus afirmaciones sobre la inminente -pero demorada- llegada de inversiones extranjeras.

¡Sí, se puede! El slogan de campaña de Mauricio Macri continúa siendo enarbolado como un mantra en cada discurso o acto oficial. Sin embargo, más de dos años después de haber iniciado su gobierno, la mayoría de las metas sociales y económicas propuestas no se han alcanzado. Mientras que un gobierno transparente y en constante lucha contra la corrupción distinguirían la presidencia de Mauricio Macri de la de su antecesora Cristina Fernández de Kirchner, los escándalos por corrupción que ligan al actual presidente o a sus colaboradores políticos -y personales- más cercanos a noticias como los Panamá papers no dejan de sucederse. En el plano económico, la contención de la inflación fue otro de los ejes de la campaña macrista la cual también prometía un crecimiento económico sostenido en una "lluvia de inversiones" que llegaría algunos meses después de haber iniciado su mandato. Sin embargo, la inflación continúa siendo uno de los mayores problemas que afronta hoy el país a tal punto que el propio gobierno no logra acertar los índices inflacionarios incluso en sus cálculos más íntimos. Esto tuvo uno de sus capítulos más ilustres en diciembre pasado cuando el propio gobierno se vio obligado a realizar modificaciones al Presupuesto Nacional días después de haberlo aprobado al quedar desactualizado frente al constante aumento del dólar y la devaluación del peso. Por si fuera poco, el revés recibido por el gobierno argentino ante la negativa del presidente francés, Emmanuel Macron, a destrabar el acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea empeoraron las perspectivas en materia de comercio internacional. En lo social, la promesa de tener un país con "Pobreza Cero" fue uno de los primeros estandartes que el propio gobierno aceptó relegar luego de admitir que dicha meta es inviable para un país como Argentina. Este martes, mientras se llevaron a cabo los actos protocolares que dieron la bienvenida a los reyes noruegos, Harald V y Sonia, Buenos Aires afrontó su segundo día consecutivo de huelga docente en una semana que se inició con un dólar en sostenida alza. Este es el contexto en el que Noruega irrumpe en las noticias argentinas.

Parte de la prensa argentina -aquella más identificada con el macrismo- ha resaltado la visita de los reyes noruegos debido a que la misma respondería al cambio de rumbo que, desde su llegada a la presidencia, Mauricio Macri le dio al país. Es decir, como signo de una nueva apertura de Argentina al mundo y buscando resaltar la diferencia con el kirchnerismo, caracterizado por centrar su política de relaciones exteriores en países de la región. En este sentido, periódicos como La Nación resaltaron el hecho de que la visita de un monarca escandinavo a tierras argentinas se produce por primera vez después de medio siglo y que la misma responde a una iniciativa del presidente Macri. Por supuesto, para los medios más allegados al gobierno la cuestión a resaltar es la potencia económica de los empresarios noruegos y así Clarín destaca que, a pesar de la baja balanza comercial que caracteriza a la relación entre ambos países, el petróleo, la tecnología y el turismo son los mayores atractivos que la Argentina ofrece a los potenciales inversionistas.

Otro aspecto que sobrevuela a las noticias que tratan la visita de los reyes a Buenos Aires son las especulaciones sobre la relación que la misma guarda con la reciente llegada al país de la empresa low cost Norwegian de la cual se subraya su promesa de llevar adelante un ambicioso esquema de inversiones. Sin embargo, la prensa especializada en temas económicos y financieros (y menos preocupada por transmitir optimismo a cualquier precio) realza la importancia de la visita noruega pero sin perder de vista los indicadores económicos y políticos que reflejan la realidad argentina. Así, los crecientes compromisos que el gobierno argentino ha adquirido con el Fondo Monetario Internacional y que se han cristalizado en diversas leyes y reformas como las recientemente promulgadas en materia previsional no parecen ser suficientes a los ojos de los inversores extranjeros considerando la inestabilidad de la economía argentina, el malestar social, los casos de corrupción y la alta emisión de deuda que ha disparado las alarmas en sectores del propio gobierno. En este sentido, la proclama de ser un país serio, en el que los inversores pueden confiar, choca no sólo con los fríos indicadores de la economía sino con muchos de los gestos políticos del gobierno que parecen ir en la dirección contraria de aquello que pregonan.

Un hecho reciente grafica perfectamente esta cuestión cuando, semanas atrás, en un Foro organizado en Madrid, y luego de explicar las razones por las que Argentina debía ser considerado un país serio, el ministro de Hacienda argentino, Nicolás Dujovne, fue consultado por un catedrático de la Universidad Complutense de Madrid sobre cómo sería posible que los inversores extranjeros confiaran en Argentina cuando el propio ministro mantiene su patrimonio en una cuenta offshore. El hecho fue tratado de maneras muy diversas por la prensa argentina pero resulta innegable que la pregunta resulta pertinente si de confianza -y de ser confiable- es de lo que se está hablando. En este sentido, una interesante nota del periódico El Cronista Comercial advertía hace unos días que el problema no se limita a que Argentina sea un país serio sino a que además de serlo debe ser un país atractivo entre el resto de países confiables.

Es claro que Noruega puede aportarle mucho a la economía argentina aunque no parece tan clara la forma en la que las inversiones extranjeras pueden ayudar a modificar la realidad de un país si el Estado decide no intervenir o, más bien, decide oficiar a favor del libre juego del mercado. Como es sabido, la política del presidente Macri se opone tajantemente a toda intervención del Estado en materia económica por lo que es probable que las eventuales inversiones noruegas tengan un escaso o nulo correlato sobre la economía de los sectores más amplios de la población argentina. En relación a ello, hay un aspecto de la realidad noruega del que la prensa argentina prefiere no hablar a pesar de su trascendencia: Noruega es un ejemplo a nivel mundial en materia de bienestar social pero no lo es por haber dejado al mercado actuar libremente mientras reducía al Estado a su mínima expresión sino todo lo contrario. Noruega hizo del Estado la herramienta esencial de su intervención sobre la economía en pos de garantizar un estado social que incluya a todos -o a una enorme mayoría de- los habitantes del país. Sin esa intervención, y liberando al sector financiero de los impuestos con los que el Estado debería nutrirse, es difícil no pensar que las inversiones que pudieran llegar al país del sur se promocionarán en nombre del bien común pero serán aprovechadas por unos pocos.

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