Noruega: Juicio a Marius Borg Høiby

Escrito por David Fernández-García
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El difícil equilibrio entre el interés general y la protección a las víctimas. No hay ninguna duda de que este es y será uno de los juicios más históricos de Noruega. No es casual que seamos más de 200 periodistas acreditados de todo el mundo y varias productoras, con directores y actores presentes en el tribunal, que seguro en breve harán una película sobre el caso.

Si aún hay algún despistado que no sepa de qué hablamos, algo impensable visto el circo mediático, debes saber que hablamos del juicio contra Marius Borg Høybi, hijo de la princesa Mette-Marit, acusado nada menos que de 38 cargos.

La lista es muy larga para escribir todas las acusaciones, pero las más importantes, que pueden suponerle hasta 16 años de cárcel, son 4 violaciones, un caso de violencia doméstica y el transporte de 3,5 kilos de marihuana.

Lo más especial de las cuatro acusaciones de violación es que las víctimas no sabían que lo eran, puesto que estaban dormidas. Fue la policía quien, durante el proceso de investigación del caso de violencia doméstica, tomó el teléfono de Marius, y en él encontraron fotos y vídeos donde presuntamente se cometían los delitos de los que está acusado.

Esto será uno de los puntos esenciales del juicio, que tiene una duración total de siete semanas: saber si estas relaciones sexuales, una de ellas con penetración, fueron consentidas. Se debatirá el tema de la llamada “ley del consentimiento o solo sí es sí”, una reforma añadida en Noruega en junio de 2025. Pero hay que recordar que los hechos que se tratan son anteriores a esta fecha, por lo que no le afectan. Pero sí el hecho de si hubo consentimiento y si Marius sabía, o debía haber sabido, que estas chicas estaban durmiendo y no podían aceptar la relación. “Todo el mundo es propietario de su cuerpo y tiene que ser posible decir no”, afirmó el fiscal.

Estrictas medidas de seguridad

El juicio comenzó el 3 de febrero. Un martes frío con una gran cola de periodistas a las puertas del tribunal de Oslo, en la plaza C. J. Hambros. Cámaras y focos que apuntaban a muchos titulares, como así está siendo. Cada mañana los periodistas debemos pasar un control de seguridad idéntico a los controles en los aeropuertos, con la excepción de que aquí sí podemos meter una botella de agua.

Una vez dentro, la sala 250, donde se produce el juicio, está en la segunda planta, y aquí los responsables de seguridad controlan las acreditaciones. Ha habido gran demanda de estas acreditaciones, y no todos han tenido espacio en la sala principal, por lo que los periodistas están repartidos en tres salas, que reciben imagen de la principal.

Como en la mayoría de los juicios penales en Noruega, son abiertos al público, y para ello se ha dispuesto una sala donde 50 personas pueden seguir el juicio. Cada día hay personas que madrugan y hacen cola para conseguir una de estas acreditaciones.

Además de los cien periodistas, en la sala 250 hay muchas otras personas. A la cabeza está el juez de carrera, acompañado de dos jueces legos, uno de los cuales era la primera vez en un tribunal y tuvo que prometer su cargo. En la zona de la acusación está la fiscalía, que lidera la acusación. Detrás se sitúa el “abogado de asistencia a las víctimas”, un servicio del Estado noruego que se asigna, aunque no se pida, a las víctimas de delitos graves, como la violación. Y junto a ellos, algunas de las víctimas y sus abogados. Es importante destacar que estas víctimas no han denunciado a Marius, sino que es solo la Fiscalía quien lo ha hecho, pero están presentes para apoyar el caso.

Las medidas de protección a estas víctimas son importantes, y los periodistas no podemos ni revelar sus nombres ni detalles sobre la salud, la vida íntima o las preferencias sexuales. Ni ellas ni Marius pueden ser fotografiados en la sala del tribunal.

A Marius tampoco se le puede fotografiar de camino al juzgado. Pero esto es aún más difícil cuando está sentado en el arresto, puesto que dos días antes del inicio del juicio, la policía le detuvo por saltarse la orden de alejamiento de su expareja, así como por amenazarla con un cuchillo. A pesar de las prohibiciones, algunos de los periódicos más grandes de Noruega han visto a su fotógrafo expulsado de la sala por tomar imágenes del acusado.

Marius y sus abogados se sitúan del otro lado. Además de los abogados, en alguna ocasión tiene a otra persona de apoyo, pues Marius está en una situación delicada. Él mismo ha repetido en el juicio que se está medicando y a veces no está muy claro en sus pensamientos. Esto se vio el primer día, cuando los periodistas que nos sentábamos tras él pudimos ver cómo temblaba y manipulaba las cuentas de una especie de pulsera en forma de rosario.

Aparte de los nervios, Marius no dejaba de parecerse a un joven noruego normal, con jersey y pantalón beige, zapatillas deportivas y gafas. Según su abogada, ahí se sentaba un “chico inocente”, mientras no se demuestre lo contrario.

Ellen Holager Andenæs atiende a los medios de comunicación en el tribunal de Oslo. Como abogada defensora de Marius Borg Høiby, quien enfrenta más de 30 cargos —incluyendo cuatro violaciones—, la letrada sostiene que es poco probable que su cliente sea condenado a una pena de diez años de prisión. Foto: David Fergar.

Declaraciones

Los primeros días del juicio están transcurriendo entre las declaraciones de las víctimas y las sucesivas respuestas de Marius para expresar su versión. Cuando son las chicas las que declaran, los periodistas debemos salir de la sala para respetar su privacidad. Pero sí podemos ver y escuchar cuando es el turno de Høybi. El humor y la actitud de Marius varían según los días, lo cual no ocurre solo por el contenido de las declaraciones, sino también, según sus propias palabras, por las medicinas que toma.

Los últimos días se le ha visto con una camiseta negra, mostrando los tatuajes de los brazos, lo cual, unido a la posición de los brazos encima de la mesa, el chicle en la boca y el tono de sus respuestas, muestra una actitud más segura y en ocasiones irritada por los comentarios del fiscal. Cada día que declara, destaca lo desagradable que es para él hablar de estos temas íntimos ante el tribunal y los periodistas, y repite que no reconoce su culpabilidad porque “nunca tendría sexo con una chica dormida”. En muchas de sus declaraciones afirma que no sabe si son recuerdos propios o fabricados por haberlo leído tantas veces en los medios. Y a pesar de lo llamativo de algunas de las afirmaciones, Marius dijo que “es una noche que no se diferencia mucho de muchas otras”, refiriéndose a la noche en la que se le acusa de violación con penetración.

Ningún miembro de la familia real está presente en el tribunal ni tiene pensado dar ninguna declaración durante su transcurso. El inicio del juicio estuvo marcado por la salida a la luz de los papeles de Epstein que involucran a la princesa Mette-Marit, pero poco después el juicio ya ha tomado entidad propia y los problemas de su madre no afectan al proceso de Marius.

Además, como destacó el fiscal el primer día, se supone la igualdad ante la ley: “El acusado es hijo de la princesa y miembro de la familia real, pero se va a tratar como a cualquier persona. Ni más estricto, ni menos que a cualquier otro”.

Acerca del autor:

David Fergar (David Fernández-García) es periodista en Cadena SER y Juridika, y colaborador de Radio Latin-Amerika desde hace años. Lektor de Derecho y Español, compagina su labor informativa con la política como representante del Partido Laborista (AP) en el Ayuntamiento de Drammen y miembro del comité de Salud y Asuntos Sociales. Además, preside el Drammen Padelklubb, aportando una visión experta sobre la realidad jurídica y social noruega.