"No, ver a dos hombres besarse no hará a su hijo gay"

Escrito por Imanol Burgos, conductor de radio y actor.
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Se acerca el mes del orgullo. Durante junio, las calles de Oslo y sus alrededores se emperifollan de banderas arcoíris. Incluso distintas marcas —las mismas que financian a políticos en contra de los derechos queer o que votan contra la libertad de nuestros cuerpos— aprovechan la vorágine LGBTQ+ para vestirse de sus colores. Pero, entre el glitter, las lentejuelas y el bloqueador solar, es fácil olvidarse de las pancartas políticas en casa.

El avance de la ultraderecha pareciera ser inminente y, junto con él, reaparecen discursos de odio, intolerancia y comentarios reaccionarios en Facebook que preguntan: “¿Por qué tienen todo un mes?”.

Sin embargo, el festejo queer puede funcionar como una respuesta política, porque disputa directamente una de las bases culturales de la ultraderecha: el control del deseo, de nuestros cuerpos y de nuestra libertad para experimentarlos.

Festejo como espacio de lucha política

La fiesta se transforma en un refugio frente a la vergüenza inculcada y la culpa judeocristiana. Se convierte en uno de los faros de la resistencia, un espacio donde podemos jugar con los límites del género y exagerar nuestras identidades.

Hoy más que nunca queremos defender estos espacios. Incluso la comunidad queer amante del pop y la fiesta recibió un golpe a principios de este año, cuando el icónico bar queer Elsker cerró el 8 de enero.

Proponemos una sensibilidad distinta: la política del deseo y del cuidado mutuo. Como dijo el Che Guevara: “Hay que endurecerse sin perder la ternura jamás”.

¿Qué pasa cuando la lucha toma forma de festejo?, ¿cuando nuestros cuerpos se entregan al placer como respuesta a una sociedad que nos quiere grises?, ¿cuando el jolgorio nos permite cantar: “We are queer, we are here, we won’t disappear”?

No, ver a dos hombres besarse no hará a su hijo gay. Una pareja de mujeres tomadas de la mano no hará a su hija lesbiana. Y no, tampoco existe una “agenda queer” donde las drag queens salgan con un rayo homosexualizador a pervertirno. Pero, si su hijx forma parte de la comunidad, muy posiblemente se sienta más cómodx y segurx al encontrar ejemplos de personas orgullosas de quiénes somos. Y, ¿por qué no?, ocupar el mismo espacio en las calles que durante siglos se nos fue negado.

Como dijo Lohana Berkins: “En un mundo de gusanos capitalistas, hay que tener coraje para ser mariposas”.