«Claro que puedes parir con esas caderas latinas»

Escrito por Monica Orjuela, periodista epost: monica@radiolatinamerika.no
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Durante años, las historias de discriminación, trato despectivo, falta de atención o negligencia médica han circulado en las comunidades minoritarias como traumas rutinarios que se comparten en privado o en los círculos sociales, alimentando una profunda desconfianza hacia el sistema de salud Noruego. Aunque este debería ser un refugio seguro e igualitario, para muchos inmigrantes las salas de espera, los hospitales y los consultorios médicos se han convertido en escenarios donde los prejuicios ponen en riesgo sus vidas.

Entidades gubernamentales e independientes como Bufdir, la Defensoría de la Igualdad y Contra la Discriminación (LDO) y el Antirasistisk Senter, entre otras, han documentado durante años el racismo estructural dentro del sistema de salud.

¿Por qué, entonces, siguen presentándose estos casos de manera sistemática sin que existan cambios reales?

Un reciente informe titulado «Deg skal jeg ikke ha» – rasisme og diskriminering i helsevesenet -«Eso no voy ha aceptar»: racismo y discriminación en el sistema de salud— elaborado por Proba samfunnsanalyse por encargo del Centro Antirracista, Minotenk y LIN— ha puesto las cartas sobre la mesa. Su impacto ha sido tal que ha logrado que el Helsepersonellplan 2040, el plan estratégico de personal sanitario entregado recientemente este 2026, incorpore medidas urgentes sobre el tema.

Según el informe «Deg skal jeg ikke ha», el racismo y la discriminación hacia los pacientes se consideran un problema estructural porque no se trata de incidentes aislados, sino que ocurren de forma sistemática y debilitan el acceso a servicios de salud equitativos. El documento advierte que el racismo va mucho más allá de los ataques directos, manifestándose en formas indirectas e institucionalizadas que son igual de comunes, pero mucho más difíciles de identificar.

Estereotipos que cuestan la salud: caso latinoamericano

Las historias recopiladas para este reportaje revelan que los latinoamericanos experimentan discriminación y racismo de manera permanente en su interacción cotidiana con el sistema sanitario. Estas vivencias, en sintonía con casos recogidos por Radio Latinamerika, muestran un patrón alarmante donde los estereotipos culturales moldean de forma directa y perjudicial la atención médica que reciben:

-Una mujer colombiana relató que, al acudir al servicio de urgencias en busca de ayuda, el personal médico le espetó: «Ustedes, las mujeres latinoamericanas, vienen a quejarse por dolores leves. No soportan tener dolor».

-Juliana Lopez experimentó que el pediatra le cuestionó el origen de su hijo diciéndole:«Tu hijo es más oscuro que tú. Tengo amigos de Colombia y son negros. ¿Por qué tú no lo eres?». A su vez, una enfermera (jordmor) la criticó duramente por dormir en la misma cama con su hijo de un año, preguntándole con desdén si esa práctica era «normal en su país»

  • En ocasiones, este sesgo se traduce en la negación total del tratamiento médico, como le ocurrió a Irene Andreade periodista ecuatoriana:

-Al acudir al sistema de salud sufriendo por una grave lesión en la muñeca, llevando consigo toda la documentación médica de su país de origen. El médico noruego se negó a aceptar el diagnóstico que le habían dado en Ecuador. Tras meses de dolorosa espera, le realizaron una resonancia magnética que confirmó exactamente el mismo diagnóstico que ella había reportado desde el inicio. Cuando la paciente preguntó qué paso debían seguir para la cirugía, el doctor le contestó: «Bueno, esta es una lesión muy complicada, acá no hacemos esa operación, mejor vete a Ecuador a que te operen allá»

  • Las ideas preconcebidas pueden dejar secuelas físicas irreversibles.

-Otra mujer Colombiana estaba asustada antes de su segundo parto, tras una cesárea la primera vez. La matrona le respondió: «Tranquila. Claro que puedes dar a luz con esas grandes caderas latinas». Como resultado directo de ignorar su historial médico, la paciente sufrió una fractura de pelvis, un desgarro de 7 centímetros y una hemorragia interna masiva.

Barrera sistemática y generalizada

Según el informe «Deg skal jeg ikke ha», una sensación recurrente entre pacientes de diversos orígenes es el esfuerzo monumental que deben hacer simplemente para ser escuchados, creídos y tomados en serio. La falta de credibilidad hacia el paciente migrante está íntimamente ligada a prejuicios que asumen que siempre está exagerando o que su percepción del dolor está condicionada por su cultura.

  • Ignorar la voz del paciente pone en riesgo vidas

-Una informante relató cómo su hija adulta fue derivada al hospital con fuertes dolores abdominales, pero los médicos, sin realizarle un solo examen físico, decidieron enviarla a su casa. Solo gracias a la rotunda negativa de su madre a abandonar el hospital, fue vista por un ginecólogo que descubrió coágulos de sangre y quistes reventados; le drenaron un litro de sangre de la cavidad abdominal en una operación de emergencia. La madre, relata enfadada: «¿Es discriminación que no te escuchen? No lo sé, ¿habría sido lo mismo si la que estuviera allí acostada fuera una chica noruega?».

-El informe muestra varios casos de negligencias como posible resultado de un sergo, al se suman con frecuencia un trato paternalista y aleccionador. Los pacientes de origen inmigrante perciben que ciertos profesionales les hablan con aires de superioridad, dedicando el tiempo de la consulta a explicarles condescendientemente «cómo son las cosas aquí en Noruega». Incluso con personas que han nacido, crecido y se han educado en el país nórdico.

  • Este trato se extiende también a situaciones críticas de violencia obstétrica documentados por el informe mencionado:

-Una mujer relata la falta de información en relación con una cesárea. Ella había pedido información de antemano, pero el personal de salud no quiso abordar el tema. "No supe nada de qué estaba mal, qué pasaba, por qué me iban a hacer una cesárea de emergencia; la partera me cambió la bata. Llevaron la cama rodando al quirófano. Hubo una falta de información. (...) Sentí que no se nos dijo nada; es mi cuerpo, es mi hijo. En mi plan de parto consta que hablo y entiendo noruego. Aunque a veces tenga que buscar las palabras, entiendo cuando la gente habla. Y también hablo inglés. Así que simplemente podrían haber hablado conmigo. Pero no hubo nada. Así que fue estresante para mí. Se volvió muy difícil. Una experiencia que no habría deseado".

La paradoja de las denuncias

A pesar de la gravedad de estos eventos, las denuncias formales ante los organismos de control son mínimas. El informe «Deg skal jeg ikke ha» identifica una barrera sistémica clara: el subregistro. El sistema de quejas actual parece diseñado exclusivamente para un ciudadano nativo que domina a la perfección la burocracia, dejando desprotegidas a cientos de personas de origen migrante.

Radio latinamerika preguntó a las pacientes cuales son las barreras que les impidieron denunciar estas situaciones y basados además en el informe mencionado. Las agrupamos en cuatro categorías.

  • Barrera lingüística y burocrática: Explicar una negligencia médica o un trato discriminatorio ante las instituciones requiere un nivel de noruego formal extremadamente alto. Incluso a la hora de solicitar un trato digno.

  • Miedo a represalias o desconfianza: Muchos inmigrantes temen que, si formalizan una queja, reciban un peor trato en sus futuras consultas.

  • Desgaste emocional: La sutileza de la discrminacion y racismo cotidiano siembra la duda psicológica. Ante la incertidumbre de si el médico simplemente "tenía un mal día", la mayoría de las víctimas prefiere pasar página y olvidar el episodio para evitar más sufrimiento.

  • Falta de información y canales invisibles: Muchos afectados simplemente no denuncian porque desconocen por completo que existen mecanismos de queja o instituciones dedicadas a protegerlos.

El Estado asume responsabilidad

Frente a esta evidencia aplastante, el informe «Deg skal jeg ikke ha» —junto a investigaciones previas de otras organizaciones que ya habían puesto la lupa sobre esta situación— logró que las demandas políticas de los colectivos, que exigían un estándar nacional y formación obligatoria en diversidad, finalmente resonaran en las más altas esferas del gobierno. Este cambio de rumbo institucional ha quedado plasmado de forma oficial en el Helsepersonellplan 2040.

Se reconoce la necesidad de implementar un esfuerzo mucho más sistemático contra el racismo. El plan admite el fracaso del modelo anterior, señalando que el trabajo contra la discriminación se había dejado "en gran medida en iniciativas locales". Este enfoque busca acabar con la dependencia de la "buena voluntad" del líder de turno, estableciendo rutinas claras para la prevención, la denuncia, el manejo y el seguimiento de los incidentes a nivel nacional.

Romper la inercia del sistema

Aunque el subregistro oculta la magnitud del problema, la documentación genera cambios. Existen canales públicos y gratuitos para exigir responsabilidades.

LDO (Defensoría de la Igualdad): Asesoría jurídica confidencial ante tratos diferenciados y pautas para usar el historial médico (pasientjournal) como prueba.

Diskrimineringsnemnda (Tribunal contra la Discriminación): Instancia gratuita para iniciar procesos formales con capacidad de dictar sentencias vinculantes para las instituciones.

Pasient- og brukerombudet (Defensor del Paciente): Apoyo directo en cada provincia para redactar quejas formales por negligencia, desatención o fallas de información.

Los informes y los planes gubernamentales han diagnosticado con precisión la enfermedad del sistema, pero el verdadero tratamiento requerirá transformar la cultura interna de los hospitales, un proceso lento que suele generar resistencia. El éxito real del Helsepersonellplan 2040 dependerá de que estas medidas no se queden atrapadas en el papel.