19 años de prisión para el extremista que asesinó a Tamima
Djordje Wilms, el joven de 18 años juzgado por el brutal asesinato de la trabajadora social Tamima Nibras Juhar, de 34 años, ha sido condenado hoy a 19 años de prisión con custodia preventiva (forvaring). El tribunal dictó sentencia tras el juicio celebrado a principios de junio, señalando como un agravante fundamental su motivación —por la religión, cosmovisión, el color de piel y el origen étnico de la víctima—, a quien el agresor asestó 69 puñaladas en el centro de rehabilitación juvenil.
¿Qué significa que haya sido condenado a custodia preventiva? A diferencia de una pena de prisión ordinaria, la custodia preventiva es una de las condenas más severas del sistema judicial noruego. Significa que el acusado no saldrá libre automáticamente al cumplir los 19 años de cárcel. Si al finalizar ese periodo los jueces y psicólogos determinan que el agresor sigue representando un peligro para la sociedad, su condena se puede prorrogar de manera indefinida.
Cárcel y confesión de motivos políticos
Tras ser arrestado pocas horas después del crimen, ocurrido la noche del 24 de agosto de 2025 una residencia del programa de rehabilitación para jóvenes en Kampen, Oslo, Wilms ha permanecido en la prisión de Ullesmo y prácticamente aislado del resto de los reclusos.
El joven manifestó desde el principio haberla matado, argumentando que el acto tenía motivaciones políticas y buscaba sembrar el miedo en la sociedad. Según informa la agencia NTB, en el mes de abril Wilms se declaró culpable, admitiendo haber sido inspirado por terroristas de extrema derecha.
Tamima quería ayudar a los jóvenes
Tamima nació en Etiopía en 1991 y llegó a Noruega en 2008. Sus difíciles experiencias durante la infancia la motivaron a dedicar su vida a ayudar a niños y jóvenes desfavorecidos. Sus allegados la describen como una mujer cariñosa, presente e inclusiva. Su amigo cercano, Marius Pettersen, contó a TV2 que la recordaba como una persona muy sociable, siempre en movimiento, que alzaba la voz ante las injusticias.
Tamima le tenía miedo a Wilms y, según afirmaron sus allegados a la cadena NRK, había avisado repetidamente a la empresa privada Gemt AS —encargada de administrar el centro— sobre el temor que sentía de estar cerca del joven.
Según relata el diario VG, la noche antes del crimen, Tamima le había preparado la cena a Wilms y le dijo que "tenía fe en él". Murió sola, durante su guardia nocturna, sin tener con qué defenderse, ni adónde huir.
Su pérdida conmovió profundamente al país; a su funeral asistieron políticos, miembros de organizaciones civiles y religiosas, y poco más de una semana después de su muerte, unas 30.000 personas se reunieron en una manifestación en Youngstorget para rechazar su muerte y luchar contra el racismo; entre ellos estuvo el primer ministro Jonas Gahr Støre y la alcaldesa de la ciudad Anne Lindboe.
Influenciado por ideas nazis y extremistas
El juicio contra Djordje Wilms inició formalmente la primera semana de junio de este año. Durante sus declaraciones en el juicio, recopiladas por NRK, Wilms admitió que el asesinato fue planeado con antelación. En julio, tras recibir un cuchillo que había encargado por internet, comenzó a planear la muerte de Tamima. Al enterarse de que ella trabajaría ese fin de semana, escogió esa noche de agosto porque en ese momento el lugar era silencioso, y calculó que el asalto duró apenas unos minutos. El asesino confesó que la eligió a ella porque pensó que sería:
-Una víctima fácil, porque era una chica y porque yo era físicamente más fuerte, declaró ante los jueces, policía, abogados y familiares de Tamima.
En el estrado, Wilms se negó a dar detalles específicos sobre el apuñalamiento porque lo consideraba -demasiado brutal-. El joven declaró que, en realidad, había planeado matarla de una forma aún más salvaje para grabar un video y compartirlo en redes sociales, además de enviar fotos del asesinato a sus amigos a través de Snapchat. Para el ataque, se había equipado meticulosamente comprando botas de campaña, pantalones militares, un jersey de la OTAN y un casco.
Su plan original no terminaba con Tamima; pretendía huir en el coche de su víctima, regresar a la casa de sus padres adoptivos para robar armas de cacería y dirigirse a una mezquita en Hønefoss. Su objetivo final era:
-Matar a la mayor cantidad de gente posible. Había planeado mal todo esto de ir a la mezquita. De hecho, intenté escapar en su coche, pero olía fatal. No pude. La verdad es que no lo planeé muy bien-, según las declaraciones recogidas por NRK.
Aunque en los primeros interrogatorios policiales afirmó sentirse orgulloso de lo que había hecho, en el juicio aseguró arrepentirse y declaró:
-Me resulta horrible pensar que dije eso. Que estaba tan loco en aquel momento.
El origen de la radicalización
En algunas declaraciones de las audiencias publicadas por el canal NRK, el juez le preguntó directamente por el origen de sus actos. Wilms relató que su radicalización comenzó cuando cursaba el décimo grado mientras vivía en un hogar de acogida.
-Tenía poco interés en las cosas. Probé muchas cosas diferentes. Pasé mucho tiempo en mi habitación viendo vídeos que probablemente no debería haber visto.
NRK relata que, tras perder el interés por la escuela, se sumergió en documentales históricos sobre la época vikinga, el Imperio Alemán y, antes de empezar el instituto, en propaganda de la Alemania nazi.
Durante el juicio, relató que fantaseaba mucho con la idea de convertirse en un líder o dictador que gobernara sobre los demás. Su interés se enfocó hacia los terroristas de extrema derecha. Empezó a consumir videos de Anders Behring Breivik, Philip Manshaus y, muy especialmente, de Brenton Tarrant, el terrorista australiano que asesinó en masa a 51 personas en dos mezquitas de Christchurch en 2019.
Djordje Wilms nació en Alemania, pero llegó a Noruega a los 6 años procedente de Serbia, arrastrando un historial de vida en un hogar violento. El sistema alemán de protección infantil ya había intervenido cuando tenía apenas dos años, y al llegar a Noruega las autoridades locales intervinieron. A los siete años fue trasladado a un centro de menores en Asker, y a los nueve años se instaló con una familia de acogida en el este de Noruega, donde vivió hasta los dieciséis años.
Su padre adoptivo, quien habló para NRK aclaro que, al principio, Djordje era un niño muy asustado y traumatizado al que costaba mucho calmar. Sin embargo, logró estabilizarse, hizo amigos rápidamente en la escuela y disfrutaba jugando al fútbol y practicando tiro al blanco. Todo cambió drásticamente a los 15 años cuando Wilms empezó a aislarse de sus amigos, se encerró en su habitación y comenzó a hablar con admiración de Hitler y la violencia.
Su radicalización en el décimo grado acentuó de forma extrema sus actitudes racistas y misóginas. Su padre adoptivo relató a NRK que Wilms siempre menospreció a las mujeres, considerándolas inferiores a los hombres, y solía lanzarles advertencias denigrantes:
-Como eres chica y yo soy chico, puedo tomarte cuando quiera.
No se presentaron cargos de terrorismo
Inicialmente, se presentaron los cargos por terrorismo contra Wilms, dado que el ataque tuvo motivaciones políticas. Sin embargo, en marzo de este año, las acusaciones fueron rebajados a asesinato. Cecilie Schløsser Møller, Fiscal del Estado (Statsadvokat), declaró a varios medios que la Fiscalía General decidió retirar los cargos por terrorismo al no haber pruebas técnicas suficientes bajo la ley penal, pero aclaró que el motivo racista es evidente y se utilizaría como agravante para solicitar la condena.
Las grietas en el sistema
La mayor incógnita que atraviesa a la sociedad noruega es cómo el sistema pudo fallar a pesar de las alarmas. Las denuncias e intervenciones se ignoraron o minimizaron constantemente. Años atrás, sus padres adoptivos advirtieron a los servicios de protección que el joven se aislaba y sentía fascinación por la violencia.
Después de actos violentos con su familia adoptiva, terminó en el centro de rehabilitación administrado por la empresa privada Gemt AS, acusada de ignorar todas las señales de alarma. Se cuestionó el fracaso de los organismos de seguridad (PST), dado que había denuncias previas, pero lo catalogaron como una -amenaza baja-.
Finalmente, después de casi un año se declara la sentencia de 19 años de prisión preventiva. El centro antirracista, que organizó su acto de memoria y que ha sido activo en acompañar a los familiares, se expreso sobre la sentencia:
-Hoy, nuestros pensamientos están ante todo con la familia de Tamima Nibras Juhar (…) Al mismo tiempo, el veredicto demuestra la importancia de un trabajo a largo plazo y específico contra el racismo, el odio y la radicalización de extrema derecha para prevenir nuevos actos de violencia y asesinato por motivos ideológicos.
