La mandarina se deshace en la boca y deja en ella el sabor del otoño de Sunnmøre. Así es la poética de García Cebollero en La razón perdida, pero esta vez no es la voz poética quien se desprende de su piel: somos nosotros la mandarina. Verso a verso, nos va quitando la cáscara hasta dejarnos expuestos, vulnerables, dispuestos a reconocer aquello que, bajo tantas capas, continúa latiendo en nosotros. De ese desnudamiento nacen una serie de elixires en los que el amor se manifiesta en sus múltiples formas, como una emoción sobre la que, sospecho, nunca se escribirá lo suficiente.
Tan antiguo como la propia palabra y, sin embargo, siempre nuevo, el amor ocupa un lugar incierto en la poesía contemporánea. Para algunos, parece un territorio ya explorado, una emoción de la que poco queda por decir; para otros, su aparente retirada de la escritura actual constituye un motivo de preocupación. Yo me cuento entre quienes todavía encuentran en él una posibilidad inagotable de nombrar el mundo y reconocernos en él. El amor no se agota en sus representaciones, cambia con nosotros, adquiere otros matices y encuentra nuevas maneras de hacerse presente.
Hay una forma de amor en la disposición a detenerse ante lo que existe, a concederle al mundo el tiempo necesario para revelarse. Como quien toma una fotografía, el poema rescata del transcurso de la vida aquello que, durante un instante, parece resistirse al olvido, y de esta forma llegamos a El silencio del bambú, donde la exploración del amor se enlaza con una poética de la atención, con una mirada que nos conduce por los senderos de la vida y nos invita a recorrerlos con los sentidos despiertos.
En una época atravesada por la velocidad, la inmediatez y el flujo incesante de estímulos digitales, estos versos nos proponen una pausa. Nos invitan a estar presentes, a mirar al otro sin reducirlo a lo que creemos saber de él, escuchar sin anticipar una respuesta, saber que hay momentos fugaces capaces de contener todo el tiempo del mundo. Nos recuerda que de un silencio entre dos que se aman nace un nuevo universo, en un instante que es aún más antiguo, que la luz.
Poemas:
En Murmullo de Vivir
Yo sé que el olmo habla, las aceras
hablan, las farolas hablan.
Y que no todo el mundo los escucha.
Hay un libro silente que recoge
todo cuanto querías decir y no dijiste.
Las olas agitadas por el amor preguntan
y hay bocas que se callan para siempre.
Nadie busca los besos ya perdidos.
Nadie protesta por la razón perdida.
Y aunque quieran callar a las farolas,
las aceras, los olmos, la minúscula
sombra de lo que aún seremos
otro lenguaje inventa, y el corazón aviva
la eterna primavera de los sueños.
De La razón perdida
Volver a Bailar
Bailaba Boney M
Los ríos de Babilonia
y el corazón movía sus timbales
igual que capas de otro tiempo.
El reflejo sonoro de un espejo lejano.
Un poeta buscando esa exacta metáfora
que acude a rescatarlo de sus oscuridades.
Y descubrir que el mundo
tiene también sus luces,
sus pieles de serpiente en la mirada,
y que vamos bailando en el oscuro
escenario sin focos que puebla la memoria,
con el caudal sonoro de cuanto ya vivimos,
con el breve silencio que se ahoga,
con alguna canción que nos recuerda
que tuvimos un cuerpo y que tuvimos
algo más que dolor.
Algo más que el ahora.
Algo más que el ayer.
De La razón perdida
En Las Moradas Múltiples
Somos las huellas
de cuanto desaparece,
la discontinuidad de los fragmentos,
el pulso helado de todos los lugares
que alguna vez deshabitamos.
Vivimos tiempo a tiempo,
arrastrando la pérdida y el peso
de nuestra levedad.
Somos el eco de un milagro,
los fantasmas que pueblan el destello
de la luz que conserva
el brillo del paisaje.
Somos el tatuaje
de ese último abrazo
que jamás nos dimos.
De El silencio del bambú
Sobre el autor
Rubén García Cebollero (Barcelona, 1975) es licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y en Humanidades por la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), y posgraduado en Guión Cinematográfico por la Universidad Camilo José Cela. Como escritor, ha obtenido diversos premios poéticos. Es autor de las novela Ebro 1938, que fue finalista del Premio Planeta de Novela en 2004. La novela Almogávares I Señores de Cornago, Gallipoli, fue publicada por Deslan. El poemario La luz de nuestras vistas fue publicado por la UAB. También ha escrito guiones cinematográficos y ha sido productor asociado de la película Cruz del Sur.







